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Mateo 28:20 "Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado"


DIOS 

Dios (Elohim en hebreo, sustantivo plural que significa más de uno) es una Familia de Seres de espíritu. Dios es el Creador y Sustentador de todo lo existente. Dios (Elohim) creó al hombre “a nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26) – denotando la pluralidad de seres existentes en la Familia Dios. La Familia Dios [Elohim] consiste actualmente de dos Seres: El Padre y El Hijo. Génesis 1:26; Salmos 19:1-7; Salmos 8:1-6;  Isaias 40:12-28; 57:15; Daniel 7:9-10;  Juan 4:24; Romanos 1:20; Efesios 1:3-5,9-10; 3:9-21; Colosenses 1:12-27; 1 Juan 4:8; Apocalipsis 1:14-16;  

 Dios el Padre

     Dios el Padre es el Ser divino Espiritual y supremo en poder, autoridad y amor.  Por medio de Su Hijo Jesucristo y con el Poder de Su Espíritu creó todas las cosas. El amor de Dios se manifiesta en que por Su gracia envió a Jesucristo a morir por nosotros y nos ofrece después de arrepentirnos y bautizarnos engendrarnos con su naturaleza divina – el Poder de su Espíritu Santo – y convertirnos en sus hijos (engendrados ahora) y luego por medio de la Resurrección nacer de nuevo a una vida eterna y gloriosa. Mateo 11:27; Juan 1:1-2,17-18; 6:44; 8:16-18; 14:28; 16:27; Efesios 3:14-19;4:4-6; Hebreos 1:1-2, 2: 3-9; I Corintios 15:24-28; I Juan 4:8,16 ; Apocalipsis 21:22

 Dios el Hijo

     Dios quien se hizo carne y habitó entre nosotros, Jesucristo, existió siempre junto al Padre.  Es el Elohim [Dios] de la Familia Dios quien se hizo Jesucristo y existió siempre junto al Elohim de la Familia Dios que se convirtió en el Padre al nacer Jesucristo como ser humano. Se despojó a sí mismo de toda Su gloria y Divinidad para venir a la tierra como un ser humano y convertirse en nuestro Salvador (Jesús), ya que por medio de Su sacrificio pagó por los pecados de la humanidad.  El Padre le resucitó y ahora está de nuevo con el Padre, donde ejerce sus funciones de Sumo Sacerdote y Abogado, siendo a la vez la única cabeza de la Iglesia de Dios.  Jesucristo vendrá nuevamente a la tierra en su calidad de Rey de Reyes y Señor de Señores. Mateo 1:23; Juan 1:1-3; 3:16; 17:1-26; Romanos 5:8; 8:3,29; Efesios 1:6-23; Filipenses 2:6-11; Hebreos 2:9-14; 4:14-16; 5:7-9; Colosenses 1:14-20; 1 Juan 2:1-2;  Apocalipsis 1:5, 13-16; 5:9-10; 13:8.

 
LA HUMANIDAD

     El Elohim de la Familia de Dios quien después vino a ser Jesucristo personalmente creó a Adán y Eva con sus propias manos. Él los hizo a la imagen y semejanza de Dios, o sea con la forma de Elohim, pero un poco menos que Dios. Los seres humanos son hechos de carne y sangre y no tienen vida inherente en sí mismos. Sin embargo, Dios le ha dado al celebro humano un espíritu llamado “el espíritu del hombre”. Dios hizo al hombre y a la mujer con la capacidad de expresar amor íntimo, y personal hacia cada uno como esposo y esposa, y por medio de la unión física procrear hijos según su especie y formar familia.

     Adán y Eva fueron creados sin pecado pero con libertad de escoger entre obediencia y vida, o desobediencia y muerte. Después que ellos pecaron – desobedecieron – Dios les dio la sentencia de sufrir el dolor y pena de vivir con una naturaleza pecaminosa y después cosechar el castigo de muerte. La naturaleza humana es naturalmente hostil a Dios y no se sujeta a las leyes y mandamientos de Dios. Cuando una persona muere, los pensamientos conscientes terminan. El cuerpo regresa al polvo de la tierra, y el espíritu del hombre regresa a Dios. Solamente por medio de la gracia de Dios, que es el plan de misericordia y compasión de Dios el Padre, el plan de salvación por medio de Jesucristo es posible que una persona sea rescatada y salvada de esta naturaleza pecaminosa de muerte. 


     El propósito supremo que Dios tiene para cada ser humano es la reconciliación completa con Dios el Padre por medio de Jesucristo para formar parte de la Familia de Dios como un hijo de Dios, compartiendo la misma existencia eterna como Dios. Génesis 1:26-27; 2:7-25, 3:1-19; Salmos 8:3-6; Eclesiástes 3:19-21; Ezequiel 18:4,20; Zacarías 12:1; Marcos 7:21-22; Romanos 8:7-8; 1 Corintios 2:11; 15:21-22,44-56; Filipenses 3:21; Hebreos 9:27; Apocalipsis 21:7; 1 Juan 3:1-3.

 EL AMOR

 El amor de Dios

     El amor de Dios es revelado en que la Familia Dios hizo a la humanidad a Su imagen y semejanza y le dio dominio sobre la tierra. El amor profundo espiritual de Dios por la humanidad es manifestado por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo para perdón de los pecados. En Su amor supremo, Dios ofrece a cada ser humano la oportunidad de nacer en la Familia de Dios. La reconciliación y el amor de Dios ahora están siendo manifestados a aquellos que Él está llamando. El plan de reconciliación  será extendido a toda la humanidad de acuerdo a Su amor. Deuteronomio 4:37; Salmos 145:8; Juan 3:16; 16:27; 14:21; Romanos 5:7-8; 1 Juan 3:1; 4:8-10,16; Efesios 2:4-10; Hebreos 12:6.

 Nuestro amor para con Dios

     Nosotros amamos a Dios porque Él primero nos amó a nosotros. Nuestro amor hacia Dios es el resultado del llamamiento de Dios el Padre por medio del poder del Espíritu Santo, lo cual abre nuestra mente para entender la grandeza y la bondad del amor de Dios y lo corrupto que es nuestra naturaleza humana. Cuando la persona se arrepiente, bautiza y recibe el Espíritu Santo es engendrado espiritualmente de Dios el Padre, dándonos el amor de Dios en nuestros corazones. La capacidad para amar verdaderamente a Dios viene del Espíritu que mora en el creyente. Nosotros tenemos que amar a Dios el Padre y a Jesucristo con todo nuestro corazón, toda nuestra mente, toda nuestra alma, y toda nuestras fuerzas. El amor y devoción del creyente a Dios el Padre y a Jesucristo es manifestado por la voluntad de vivir por cada Palabra de Dios y guardar todos Sus mandamientos. Deuteronomio 6:5;13:3; Salmos 97:10; Mateo 10:37-38; 22:37-38; Juan 14:15-24; Romanos 5:5; Efesios 5:1-2; 1 Juan 2:5,15;  4:16-19; 5:2-3; 6;  Gálatas 5:22.Amor los unos por los otros

El amor de los unos por los otros

     Los cristianos han de tener un amor especial el uno hacia el otro porque Dios el Padre y Jesucristo han individualmente llamado y personalmente amado a cada uno. Como hijos de Dios, engendrados con el Espíritu Santo, todos los verdaderos Cristianos comparten del compañerismo con Dios el Padre y Jesucristo. Este compañerismo es el fundamento del nuevo mandamiento que Jesús dio a Sus discípulos que os “améis unos a otros; como yo os he amado.” Este verdadero amor cristiano es una señal por la cual el mundo puede conocer a los verdaderos seguidores de Jesucristo.

Juan 13:34-35; 15:9-10; 1 Juan 3:16-17; 1 Juan 2:6-11; 5:1-2; 4:19-21; 2 Juan 4-6

 LAS SAGRADAS ESCRITURAS

     La Biblia es el fundamento del verdadero conocimiento. Nos enseña la salvación por medio de Jesucristo y cómo vivir el camino de vida de Dios en ambos la letra y el espíritu de Su ley. El verdadero cristianismo se fundamente en la Palabra de Dios y se aplica al cristiano individual y a la iglesia. La Santa Biblia es nuestra única regla de fe y conducta.

     La Santa Biblia es la Palabra de Dios. Dios directamente inspiró a Sus sirvientes por el poder del Espíritu Santo a registrar las Escrituras para toda la humanidad. La Santa Biblia consiste del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento fue escrito en el lenguaje Hebreo y preservado por los Masoretas los cuales fueron asignados por Esdras como depositarios oficiales del Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento fue escrito y preservado en el Griego Koine por los apóstoles originales de Jesucristo. El apóstol Juan completó el Nuevo Testamento antes de su muerte, cuando escribió el libro de Apocalipsis como el último libro de la Biblia.

     La Santa Biblia contiene información vital espiritual revelada por Dios la cual el hombre no puede descubrir por su cuenta.

Deuteronomio 8:3; Salmos 12:6; Salmos 111:7-10; Salmos 119; 19:7-9; Proverbios 30:5; Mateo 1:1-17, 4:4; Lucas 4:4; Juan 6:63; 1 Corintios 14:37; Gálatas 1:8-12; Efesios 2:19-20; 2 Timoteo 1:9-14; 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21; Apocalipsis 1:1-3; 22:18-19

 LEYES Y MANDAMIENTOS DE DIOS

     Las leyes y mandamientos de Dios revelados en el Antiguo y el Nuevo Testamento son las reglas santas y perfectas basadas en el amor de Dios. Las leyes y mandamientos de Dios están diseñados para enseñar al hombre cómo amar y adorar a Dios, y cómo amar a su prójimo. Las leyes y mandamientos de Dios definen qué es el pecado. Por el pecado y la desobediencia a las leyes y mandamientos de Dios, el mundo es culpable delante de Dios. El mundo entero imbuido de la naturaleza humana pecaminosa no cumple ni siquiera con los requisitos mínimos de la letra de la ley.

     El propósito espiritual de las leyes de Dios es que cada persona aprenda a amar a Dios con todo su corazón, mente, alma, ser y fuerza; y a amar a su prójimo como a sí mismo. Las Escrituras revelan que la obediencia a las leyes de Dios en espíritu es una condición para recibir la vida eterna. Las leyes y mandamientos de Dios no son contrarios a la gracia y fe sino que son verdaderamente establecidos por la fe.

Génesis 3:11-13; 4:7-11; 6:5-13; 15:16; Levíticos 18:5; Deuteronomio 4:1-13; 6:1-4; 28:1-13; Salmos 19:1-7; 111:10; 119; Proverbios 4:4; Isaías 42:21; Jeremías 18:7-10; Ezequiel 20:11, 13,21; Mateo 4:4; 5:17-20; 22:36-40; Juan 14:15-24; Romanos 2:11-13; 3:9-22; 4:13-16; 10:5; Gálatas 3:11; 2 Timoteo 3:16; Hebreos 8:10-12; 10:16-22; 1 Juan 2:4-6; 3:4; 5:2-3; Apocalipsis 12:17; 14:12; 22:14

 Los Diez Mandamientos
 
     Los Diez Mandamientos son el fundamento de todas las leyes de Dios y han estado en efecto desde el principio de la humanidad. Su forma escrita es la totalidad de las leyes espirituales las cuales funcionan en todo tiempo, aunque la persona las conozca o no. Los Diez Mandamientos nos enseñan como expresar amor a Dios y al prójimo. Los mandamientos tienen que ser guardados para recibir la vida eterna. Exodo 20:1-17; Deuteronomio 5:6-21; 30:15-20; Mateo 19:16-22; 22:36-40; Romanos 7:7-14; 13:8-10  1 Juan 3:22-24; 2 Juan 6-10

 El Día de Reposo

     El día del Sábado (reposo) es el séptimo día de la semana. En el principio, el Sábado fue hecho por Dios, bendecido y santificado –separado- como un día especial para descanso y compañerismo con el Creador. El Sábado es un día para recordar la creación y fue dado para reposo a toda la humanidad. El Sábado era el día de adoración semanal antes que los Diez Mandamientos fuesen dados a Israel. El cuarto mandamiento es un recuerdo para observar y guardar santo el día Sábado.

     Como el Señor Dios [Jehová Elohim] del Antiguo Testamento, Jesucristo hizo el día del Sábado descansando Él mismo en el primer séptimo día y lo bendijo y santificó. En el Nuevo Testamento, Jesucristo proclamó que Él es Señor del día Sábado. Durante Su ministerio en la tierra, Jesús reafirmó que el Sábado era sagrado y enseñó como observarlo correctamente. Los apóstoles de Jesucristo y la iglesia del Nuevo Testamento primitivo observaban el Sábado y enseñaron a los cristianos gentiles que lo guardaran.

     Guardar el séptimo día es una señal especial del pacto entre Dios y Su pueblo. Durante este tiempo sagrado, los cristianos están obligados a descansar de su labor y congregarse para adorar a Dios y recibir instrucción de Su Palabra. Guardar el día séptimo (Sábado) es necesario para la salvación y para el verdadero compañerismo con Dios el Padre y Jesucristo.

Génesis 2:1-3; Exodo 20:8-10; Exodo 31:13-17; Leviticos 23:1-3; Isaías 56:1-7; Isaías 58:13-14; Isaías 66:23; Ezequiel 20:12,20; Marcos 2:27-28; Lucas 4:4; Hechos13:42-44; Hechos 17:2; Hechos18:4,11; Hechos 19:8-10; Hebreos 4:4-10 Las Fiestas y Días Santos del Eterno

Las Fiestas y días santos de El Eterno


Las Escrituras enseñan que hay siete fiestas anuales y días santos los cuáles fueron establecidos por Dios para que sean observados como convocaciones especiales. Estas fiestas y días santos representan el plan de salvación de Dios para la humanidad. En el Nuevo Testamento, el ministerio de Jesucristo estaba centralizado sobre el significado espiritual de estos días santos. La iglesia primitiva apostólica del Nuevo Testamento observaba fielmente estas fiestas y días santos. Cuando Jesucristo regrese serán reestablecidas en toda la tierra.

     Los días santos son Sábados anuales que pueden caer en cualquier día de la semana (menos Pentecostés, que siempre cae en el primer día de la semana). Las fiestas y días santos de Dios son guardados de puesta a puesta de sol, conforme al calendario hebreo calculado y preservado por los Judíos Levitas. Las siete fiestas anuales y días santos son los siguientes:
Fiesta o Día Santo Fecha bíblica (calendario hebreo)
1) La Pascua El día 14 del primer mes*
2) Fiesta de panes sin levadura Del 15 al 21 del primer mes (El día 15 y 21 son días santos)
3) Pentecostés Contado anualmente**
4) Trompetas Primer día del séptimo mes
5) Expiación El día 10 del séptimo mes
6) Tabernáculos Días 15 hasta el 21 del séptimo mes (El 15 es un día santo)
7) El último gran día Día 22 de séptimo mes (santo)

* No es un día santo, se commemora desde la puesta del sol hasta oscurecerse completamente el día 14 de Abib (Nisán) del calendario sagrado.

** Empezando con el primer día de la semana durante la Fiesta de Panes Sin Levadura, se cuentan cincuenta días. La fiesta siempre es observada en el día 50, y siempre cae en el primer día de la semana.

Levíticos 23; Exodo 23:14-17; 31:13;  Exodo 12:1-20; Isaías 66:23; Zacarías 14:16-19; Juan 7:37; Mateo 26:17-18; Hechos 2:1;18:21; 20:16; 1 Corintios 5:7-8; 1 Corintios16:8

 EL PECADO
    
      El pecado es la transgresión a las leyes y mandamientos de Dios, ya sea en la letra o en el espíritu de la ley. El pecado es la falta de obediencia a la ley o el actuar contra la ley. El pecado también es la corrupción de la conciencia de una persona. El resultado final del pecado es la muerte eterna. Cuando una persona se arrepiente profunda y sinceramente hacia Dios, los pecados le son perdonados por fe en la sangre y el sacrificio de Jesucristo, para la remisión de esos pecados a través de la gracia de Dios el Padre.

1 Juan 3:4; Romanos 6:23; Romanos 14:23; Romanos 7:12-14; Mateo 12:31-32; Hechos 2:38; Hechos 3:19; Efesios 1:7; Efesios 2:1-10; Santiago 2:10-11; 4:12; Gálatas 1:8-9; Gálatas 5:19-21; Hebreos 6:4-6; Hebreos 10:26-27; 1 Juan 1:5; 1 Juan 5:17;  Apocalipsis 20:14-15; Apocalipsis 21:8

 EL ESPÍRITU SANTO

     El Espíritu Santo es el poder de Dios por el cual cumple Su voluntad. Por medio de su Espíritu Santo Dios el Padre engendra espiritualmente al creyente cuando éste se arrepiente de sus pecados y  cuando es bautizado por inmersión, y le son impuestas las manos para la recepción del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el poder de Dios por el cual el hijo engendrado de Dios participa de la naturaleza divina, capacitándolo para desarrollar el amor de Dios. El Espíritu Santo da al cristiano el poder para vivir conforme a la voluntad de Dios y vencer las tentaciones de la naturaleza humana, del mundo, y de Satanás. Conforme el cristiano sirve y obedece a Dios, el Espíritu Santo lo dirige a toda la verdad que está contenida en la Palabra de Dios y es indispensable para la salvación. Génesis 1:2; Isaías 55:1-3; Juan 7:37-39; Juan 14:16, 26; Hechos 2:38; Hechos 8:15-17; 19:6; Romanos 8:9-14; 1 Corintios 2:9-10; 2 Corintios 1:21-22; Gálatas 5:22-23; Efesios 1:13-14; 2 Timoteo1:6-7; 1 Juan 3:9-11; 1 Juan 4:4-8; 2 Pedro1:1-11

 LA GRACIA DE DIOS
 
     La gracia es un don gratuito e inmerecido de parte de Dios el Padre por medio de Jesucristo. La gracia de Dios es la suma de Su misericordia. La gracia es más que el perdón de los pecados. Estar bajo la gracia significa estar recibiendo el amor divino de Dios, Su favor, bendición, asistencia, ayuda, buena voluntad, beneficios, dones y bondad. Dios el Padre es la fuente de donde viene la gracia hacía el creyente. El único camino por el cuál la gracia es otorgada al creyente es por medio del nacimiento, vida, crucifixión, muerte y resurrección de Jesucristo, como el perfecto sacrificio de Dios el Padre. El creyente entra en la gracia de Dios por medio de fe en el sacrificio de Jesucristo para el perdón de los pecados. Dios el Padre otorga Su gracia a cada creyente cuando se arrepiente de sus pecados y es bautizado por inmersión. Por medio de la gracia, los pecados del creyente son perdonados y la justicia de Jesucristo le es imputada. Sin la gracia de Dios no hay salvación alguna.

     La gracia de Dios establece una nueva relación espiritual entre el creyente y Dios el Padre y Jesucristo. Por gracia de Dios, el creyente es escogido, llamado, perdonado y aceptado por Dios el Padre por medio de Jesucristo, y también es engendrado por el Espíritu Santo, convirtiéndolo en hijo de Dios y en heredero de vida eterna. Desde ese momento, el creyente engendrado empieza una nueva vida bajo la gracia, e indispensablemente debe vivir por cada Palabra de Dios con amor completo y devoción hacia Dios. La gracia no nos faculta a practicar el pecado por medio de ignorar o rechazar los mandamientos de Dios. Solamente aquellos que guardan los mandamientos de Dios pueden permanecer en Su amor y bajo Su gracia. Efesios 2:4-10, 4:7; 1 Juan 3:6-8; Romanos 5:1-11, 15-18; Romanos 3:22-25; 2:4; Gálatas 2:20; Romanos 4:1-13; Salmos 103:2-4; Gálatas 1:15; Gálatas 5:1-4; Isaías 55:6-7; Judas 4, 21; Génesis 6:8; 2 Timoteo 1:9; 1 Corintios 15:10; Romanos 11:5-6; Efesios 1:3-9; Efesios 3:1-21; 1 Pedro 5:10

 ARREPENTIMIENTO
 
     El arrepentimiento es remordimiento completo y pena por los pecados personales; pecado es la transgresión de las leyes y mandamientos de Dios. El arrepentimiento es el primer paso en la reconciliación con Dios el Padre y Jesucristo. El verdadero arrepentimiento empieza cuando por Su gracia Dios el Padre abre la mente de una persona para que entienda (a) que es pecador, y (b) que sus propios pecados tuvieron parte en la muerte de Jesucristo. La misericordia de Dios el Padre dirige a cada pecador al arrepentimiento. El arrepentimiento mueve al pecador a confesar sus pecados a Dios el Padre y a pedir perdón, remisión y disculpa por esos pecados por medio de la sangre de Jesucristo. El arrepentimiento verdadero hará un cambio profundo en la mente y actitud de una persona, eso se llama conversión, la cuál resultará en el deseo continuo de vivir por cada Palabra de Dios. La persona que verdaderamente se ha arrepentido dejará sus pensamientos malos y prácticas malignas y buscará una vida haciendo la voluntad de Dios como se revela en las Escrituras y como es dirigido por el Espíritu Santo. El arrepentimiento y confesión de los pecados a Dios es un proceso que sigue en el crecimiento espiritual del cristiano hacia la perfección de Jesucristo. 

Romanos 2:4;  Hechos 2:37-38; Lucas 24: 47; 2 Corintios 5:17; Romanos 8:5-9; 2 Corintios 7:9-11; Hechos 3:19; Jeremías 17:5-9; Marcos 1:15; Lucas 13:3,5; 2 Timoteo 2: 25; Salmos 51; Hechos 11:18; 1 Juan 1:6, 2:2; Juan 6:44-45

 BAUTISMO EN AGUA  

     Cuando la persona se ha arrepentido y ha aceptado a Jesucristo como su Salvador personal, tiene que ser bautizado por inmersión completa en agua para el perdón de los pecados. El bautismo simboliza la muerte y entierro de la persona que se ha arrepentido--es una unión espiritual hacia la muerte de Jesucristo. Por medio de esta muerte simbólica, la persona toma parte de la crucifixión y muerte de Jesucristo, y Su sangre es tomada como pago completo por los pecados del creyente. Subir del agua simboliza estar unido a la resurrección de Jesucristo. Cuando el creyente se levanta del sepulcro de agua, empieza una nueva vida. Para poder ser una nueva persona, cada creyente bautizado tiene que ser engendrado con el Espíritu Santo por medio de la imposición de manos. El cristiano desde ese momento es dirigido por el Espíritu Santo para que camine en obediencia a Dios el Padre y fe en Jesucristo. Hechos 2:38; Mateo 3:13-16; Mateo 28:19-20; Colosenses 2:12; Hechos 8:12-17; Romanos 6:3-13

 JUSTIFICACIÓN   

     La justificación es dada gratuitamente a la persona que es llamada y que se ha arrepentido a Dios el Padre por medio del sacrificio de Jesucristo. La justificación es parte de las buenas nuevas de la gracia de Dios. La justificación toma lugar cuando los pecados del creyente son removidos por la sangre de Jesucristo, entonces el creyente es puesto en una relación correcta con Dios el Padre. Para poder recibir el regalo de justificación, una persona tiene que arrepentirse a Dios el Padre, y creer en el sacrificio y sangre de Jesucristo para la remisión de los pecados, y ser bautizado por inmersión. El creyente entonces es limpiado del pecado y está sin condenación, poniéndolo a él o ella en favor con Dios el Padre. Este estado de justificación es llamado el “don de justicia” porque la justicia de Jesucristo es dada gratuitamente al creyente por Dios el Padre. La justificación es cuando el cristiano es declarado justo y santo por medio de la gracia de Dios a través del sacrificio de Jesucristo.

Romanos 2: 13; Romanos  3: 24-31;Romanos 4:5-8, 24-25; Romanos 5:1-10, 17-21; Romanos 8: 28-30; 1 Corintios 6: 11

 LA JUSTICIA  

La Justicia de la Ley

     Dios es ambos Creador y Legislador. Cuando Dios hizo la humanidad, estableció leyes justas las cuales gobernarían la relación del hombre con Él y con su prójimo. Las leyes de Dios define las acciones que son buenas y justas a los ojos de Dios y aquellas que al contrario son malignas y pecaminosas. La ley de Dios define el pecado. Los relatos bíblicos de los pecados de Adán y Eva, y de todos los seres humanos, evidencia que las leyes de Dios han sido obligatorias para la humanidad desde el principio.

     En los tiempos del Antiguo Testamento, un hombre o una mujer que guardaba los mandamientos de Dios, cumpliendo con los requisitos en la letra de la ley, era considerado como justo delante de Dios. Este tipo de justicia, que era obtenida por hacer las obras de la ley, trajo muchas bendiciones físicas y materiales que vinieron de Dios--salud y prosperidad, liberación de enemigos, paz y una larga vida. Cuando Dios hizo el pacto con Israel, Él proclamó por medio de Moisés que aquellos que guardaban las leyes y mandamientos “vivirá en ellos” porque ellos serían salvados del castigo y maldiciones que fueron asignados a los que las romperían--incluyendo muerte por pena de muerte.

     Aunque la justicia de la ley resultaba en muchas bendiciones para los obedientes, cumpliendo con la letra de la ley no pudo ganarles eterna salvación. La promesa de salvación y vida eterna es el don gratuito e inmerecido de Dios y es ofrecido solamente por la justicia de la fe. La salvación no se puede ganar por cumplir la letra de la ley. La justicia requerida de la letra de la ley era “nuestro ayo” o un tutor para revelar el carácter pecaminoso y débil de la naturaleza humana y para enseñar la necesidad de una justicia mejor-- la justicia de fe.

Génesis 3:11-13; 4:7-11; Génesis 6:5-13; 15:16; Levíticos 18:5; Jereremías18:7-10; Ezequiel 20:11,13,21; Proverbios  4:4; Deuteronomio 28:1-13; Deuteronomio 4:1-13; 6:1-4; Gálatas 3:11; Romanos 10:5; Romanos 3:9-22; 4:13-16; Romanos 2:11-13

La Justicia de Fe

     La justicia de fe es el regalo de justicia que el creyente recibe por medio de la abundancia de la gracia del Padre. Se llama “la justicia de fe” porque solamente por la fe en Jesucristo es posible participar de Su justicia. Cuando un creyente es justificado por fe en Jesucristo y recibe el don del Espíritu Santo como un engendramiento de Dios, el Padre le da al creyente el mismo carácter de justicia de Jesucristo, para que “la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo.” Esta justicia atribuida es el regalo de Dios –por la gracia de Dios-  por medio de fe en Jesucristo y no puede ser ganado por hacer las obras de la ley. La justicia de Jesucristo, la cuál es atribuida al creyente por Dios el Padre, es mucho más que la justicia requerida por la letra de la ley. En Su justicia perfecta, Jesucristo no solamente observó la letra de la ley sino que cumplió cada uno de los mandamientos de Su Padre en el espíritu de la ley. Su obediencia espiritual era tan perfecta, pura y sincera que siempre hizo aquellas cosas que agradaban a Dios el Padre. Esta justicia perfecta fue realizada por medio del poder del Espíritu Santo, que Jesús recibió sin medida de Dios el Padre.
 
     Jesucristo con su ejemplo personal y enseñanzas, aumentó (completó) las leyes y mandamientos de Dios y reveló enteramente su intento y significado. Él enseñó que el espíritu de la ley no termina con la letra de la ley sino que requiere una obediencia espiritual más completa. Esta obediencia espiritual no es posible para la mente natural y voluntad humana y solamente puede ser cumplida a través de Jesucristo. Las Escrituras revelan que cuando un creyente es engendrado con Espíritu Santo de Dios el Padre, empieza a recibir la misma mente de Jesucristo. Con la mente o carácter de Jesucristo, al creyente le es dada la fuerza para vivir por cada Palabra de Dios en el intento completo del espíritu de la ley, no solamente en la letra. Con “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” el creyente empieza a tener las leyes y mandamientos de Dios escritos en su mente. Con eso las leyes y mandamientos de Dios están establecidas con su significado espiritual verdadero por medio de la gracia y el don de justicia de fe. Este regalo de justicia espiritual que Dios le otorga al creyente le da el poder de traer el fruto del Espíritu para la vida eterna. A través de la justicia de fe, el creyente está verdaderamente cumpliendo las Escrituras, “los justos vivirán por la fe.” 

Romanos 4:3-8, 13-24; Romanos 5: 17-21; Romanos 3: 20-31; Romanos 6:1-19; Gálatas 2: 20-21; Gálatas 5:16,18,22-25; Colosenses 1: 27-28; Romanos 7:6; Hebreos 8:10; Hebreos 10:16;  Filipenses 2:5,13

 SANTIFICACIÓN   

     La santificación es el hecho de separar a alguien o algo para un propósito y uso santo. Los cristianos están en un estado continuo de santificación después del arrepentimiento, bautismo por inmersión, y recibir el Espíritu Santo como engendramiento de Dios el Padre. En las Escrituras, los cristianos son referidos como santos, significando aquellos que han sido hechos santos por la santificación de Dios el Padre. Exodos 31:13; 40:9-13; Levíticos 21:1,8; Jeremías 1:5; Juan 17:15-19; 1 Corintios 1:2; 1 Corintios 6:11; Efesios 1: 3-4; Efesios 5: 25-27; 2 Tesalonisenses 2:13-14.

 EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU
 
     El bautismo del Espíritu es la recepción del Espíritu Santo como un engendramiento de Dios el Padre. Este engendramiento espiritual es otorgado a cada creyente por medio de la imposición de manos después del bautismo por inmersión en agua. Después de recibir el don del Espíritu Santo, el creyente se convierte en hijo engendrado de Dios. El bautismo del Espíritu Santo pone al creyente en la iglesia de Dios espiritual, el cuerpo de Jesucristo, del cual todos los hijos engendrados de Dios son miembros.

Mateo 3:11; Hechos 2:38; Hechos 8:15; Hechos 19:6; Romanos 8:9-16; 1 Corintios 2:12; 1 Pedro 1:3; 1 Juan 3: 9,24.

 LA FE

     La fe es el conocimiento y creencia viviente en la existencia y poder de Dios el Padre y de Jesucristo. La fe es un don de Dios y un fruto del Espíritu Santo. Por medio del regalo del Espíritu Santo como un engendramiento de Dios el Padre, a los verdaderos cristianos le es dada la presencia y  la misma fe de Jesucristo. Esta fe es la sustancia espiritual real del Espíritu Santo de Dios, la cual le da al creyente la garantía y la confianza de que lo que Dios ha prometido, lo llevará a cabo. La verdadera fe de Jesucristo que es dada por Dios a cada creyente continuamente será manifestada por los frutos de la justicia en la vida del creyente. La fe es hecha perfecta a través de hacer buenas obras que Dios el Padre ha mandado por medio de Jesucristo. Esta fe activa y viviente es absolutamente esencial para la salvación por medio de la gracia. Sin las buenas obras, la fe está muerta. Sin fe, las buenas obras no tienen ningún valor a la vista de Dios. Buenas obras solamente no pueden traer la salvación y la vida eterna. Mientras la verdadera fe producirá buenas obras en la vida del creyente, estas obras buenas no le ganan la salvación. Las buenas obras que son hechas por medio de la fe no son la causa sino el resultado del regalo de Dios de salvación al creyente. Mateo 8:1-13; Lucas 7:50; Romanos 1:17; Romanos 4:20-21; 1 Corintios 13:2; Gálatas 2:20; 3:1-14; Gálatas 5:22; Efesios 2:4-10; Filipenses 1:6; 3:3-19; Tito 1:16; Hebreos 11:1-6; Santiago 2:14-22; Santiago 5:14-15; 1 Pedro 1:1-9; Apocalipsis 14:12

 SALVACIÓN

     La salvación es el regalo de Dios el Padre por medio de Su gracia y es dado al creyente por medio de fe en Jesucristo. La salvación no puede ser ganada por obras de la ley, pero hay condiciones que tienen que ser cumplidas para poderla recibir. Dios requiere que uno se arrepienta de pecar y crea en Su Hijo Jesucristo, Su sangre pagó la penalidad por los pecados de toda la humanidad. Jesucristo, el Hijo de Dios, es el Autor y Consumador de la salvación eterna para todos aquellos que creen en Él. Por medio de la sangre de Jesucristo y aceptación de Su sacrificio, es que el creyente tiene reconciliación con Dios el Padre, resultando en el perdón y eliminación de los pecados de la persona. Por la gracia de Dios, el creyente es salvado de la penalidad del pecado, que es la muerte eterna, y le es dado el regalo de vida eterna por medio del engendramiento del Espíritu Santo de Dios el Padre.

     La salvación es un proceso y empieza cuando Dios el Padre abre la mente de una persona al entendimiento espiritual, lo cual dirige a la persona arrepentida hacia Dios y fe en Jesucristo como su Salvador personal. Después de ser bautizado por inmersión completa en agua, al creyente le es dado el regalo del Espíritu Santo por medio de la imposición de manos. El creyente entonces empieza una vida nueva de obediencia hacia Dios por medio de fe, laborando su propia salvación por medio del poder que mora en él, el poder del Espíritu Santo, y viviendo en armonía con la Palabra de Dios. Las Escrituras revelan que hay tres períodos distintos del proceso de salvación: 1) El creyente ha sido salvado de pecados pasados y de Satanás el diablo (Efesios 2:1-10). 2) El creyente ahora está siendo salvado mientras continúa en la Palabra de Dios--el evangelio--en obediencia amorosa por medio de fe (1 Corintios 1:18; 15:2). 3) El creyente finalmente será salvado en la resurrección (Romanos 7: 24-25; 1 Corintios 15: 12-57; 1 Timoteo 3: 14-16). La salvación del creyente no será completada hasta que sea resucitado de la muerte por medio del poder de Dios y sea nacido de nuevo como un ser espiritual en la familia de Dios. Con el tiempo y en el plan de Dios, todo el mundo tendrá una oportunidad para salvación. 

Marcos 16:16; Juan 6:44-45; Hechos 8: 12, 15-17; Hechos 11:18; Hechos 19:5-6; Romanos 2:4; Romanos 4:21-25; Romanos 5:6-10; Romanos 6:4-6, 23; 1 Corintios 15:42, 52; 2 Corintios 7:10; Efesios 2:4-10; 1 Tesalonisenses 4:14-17; 1 Timoteo 2:4; Hebreos 11:6; Hebreos 12:1-4; Apocalipsis 20:6

 IMPOSICIÓN DE MANOS  

      La imposición de manos es un acto especial efectuado por ministros en las iglesias de Dios, pidiéndole a Dios el Padre en oración que otorgue un don espiritual o una bendición sobre alguien. La imposición de manos es requerida para recibir al Espíritu Santo de Dios después del bautismo en agua, para ungir a un enfermo con aceite para la curación, para la ordenación de aquellos elegidos para servicio espiritual o físico en la iglesia, para la bendición de niños pequeños, para bendiciones especiales durante una ceremonia de matrimonio, y para otras bendiciones especiales. Mateo 19:13-15; Marcos 16:17-18; Hechos 8:15-17; Hechos 19:5-6; Hechos 6:6; 13:3; Santiago 5:14-15

 CURACIÓN

     Las Escrituras revelan que Dios a veces permite que vengan enfermedades sobre individuos por algún propósito especial. Con esa excepción, las enfermedades que sufrimos son resultados de pecados físicos o espirituales. La curación divina es el perdón de Dios por esos pecados. Dios el Padre personalmente interviene cuando concede la curación a aquellos que lo llaman en tiempos de enfermedades o heridas. Esta intervención divina puede ser dirigida a cualquiera en cualquier tiempo, de acuerdo a la voluntad de Dios, porque Jesucristo pagó el precio por la curación de cada enfermedad con los azotes que Él recibió antes de Su muerte. Cuando somos curados por Dios, nuestros pecados son perdonados por medios del azote que Jesucristo recibió. Quien desee ser sanado por Dios debe de llamar a los ancianos de la iglesia para ungirlos con aceite en el nombre de Jesucristo y hacer oraciones para la intervención y curación por Dios. Confiar en Dios con fe para la sanidad es un asunto personal entre cada individuo y Dios. Exodo 15:26; Salmos 103:2-3; Isaías 53:4-5; Mateo 4:23; Mateo 8:1-17;  Mateo 9:27-30; Marcos 16:15-18; Juan 9:1-11; 1 Corintios 11:23-30; 2 Corintios 12:7-10; Santiago 5:14-16; 1 Pedro 2:24.

 LA IGLESIA DE DIOS

 El Cuerpo Espiritual de Cristo

     La iglesia de Dios es el cuerpo espiritual de Jesucristo. Jesucristo es la Cabeza de la iglesia en todas las cosas. La verdadera iglesia de Dios es compuesta de todos aquellos que han sido llamados por Dios el Padre, los cuales han aceptado a  Jesucristo como su Salvador personal, se han arrepentido de sus pecados, han sido bautizados por inmersión y han recibido el Espíritu Santo de Dios como un engendramiento por Dios el Padre. Estas personas son hermanos espirituales y miembros de la iglesia--el cuerpo espiritual de Jesucristo--aunque esten esparcidos por todo el mundo. Es por medio del mismo Espíritu--el Espíritu Santo de Dios el Padre--que cada uno ha sido bautizado en el cuerpo de Jesucristo. Esta relación espiritual con Jesucristo y Dios el Padre es el punto central de todo verdadero compañerismo Cristiano. Jesucristo se describió a Sus discípulos como “la vid verdadera” y al Padre como el “labrador”. Todos los verdaderos Cristianos son el pámpano de la Vid verdadera y tienen que permanecer unidos a la Vid para poder crecer espiritualmente.

     Mientras hay solamente un cuerpo espiritual de Cristo, sus miembros están dispersados en varios grupos locales y ministerios individuales alrededor del mundo. Puesto que todos los miembros del cuerpo de Dios tienen el Espíritu de Dios, Dios no se limita a sí mismo a trabajar por una organización solamente. Cada grupo o ministerio que es parte del cuerpo de Cristo manifestará los frutos del Espíritu Santo de Dios, tendrá el nombre de Dios, y estará guardando Sus mandamientos como fueron amplificados por Jesucristo. La misión de la iglesia es proclamar las buenas nuevas de la gracia de Dios y que incluye la comisión de Dios de predicar el arrepentimiento y la salvación por medio de Jesucristo al mundo entero, y de predicar las buenas nuevas del reino y gobierno de Dios que vendrá y de estar preparados cuando Jesucristo regrese para gobernar la tierra. Otra función de la iglesia es nutrir a los hermanos de Jesucristo con el alimento espiritual de la Palabra de Dios para que ellos puedan crecer a la medida de la estatura de la plenitud de Jesucristo.

Efesios 1:22-23; Juan 21:15-17; Efesios 4:4-6, 11-16; Mateo 28:18-20; 1 Corintios 12:6-13; Hechos 2:47; Mateo 24:14; Romanos 8:9, 28-29; Juan 15:1-8; Hebreos 2:9-18; Apocalipsis 1: 12-20

 El Ministerio de la Iglesia de Dios

     La Iglesia de Dios tiene su ministerio diseñado a como fue instruido por Jesucristo y como está registrado en el Nuevo Testamento. Quienes sirven en el ministerio no se levantan sobre sus hermanos por autoridad o rango, sino que luchan por servir a sus hermanos en humildad y amor. Los ancianos de la Iglesia de Dios entienden que ellos han sido llamados por Dios para el servicio espiritual a los hermanos. Un anciano puede servir como ministro, maestro, pastor, evangelista, o en otras capacidades necesarias. La función que cada anciano cumple tiene variedades de acuerdo a la medida del don que Jesucristo le ha dado. Las calificaciones para ancianos se encuentran en I Timoteo 3 y Tito 1. El hombre que ha sido llamado por Dios al ministerio manifestará su amor por los hermanos y su amor de Dios el Padre y Jesucristo. Un anciano tiene que mantener una actitud de verdadera conversión y dedicación hacia Dios el Padre y Jesucristo. Tiene que tener un deseo profundo de servir a los hermanos de Jesucristo y también capacidad para enseñar el evangelio. El propósito del ministerio es edificar y construir el cuerpo de Jesucristo. Es la responsabilidad del ministerio enseñar y preservar las verdaderas doctrinas de la Biblia; dar servicio a las necesidades espirituales de los hermanos, y proveer dirección en sus congregaciones locales. Aquellos que están llamados para evangelizar también tienen la responsabilidad de proclamar el evangelio de Jesucristo a los que no creen, a enseñar a todos los que oigan, y a bautizar en todas las naciones. Juan 15:16; Mateo 20:20-28; Mateo 28:19-20; Tito1; 1 Timoteo 3:1-7; 1 Pedro 5:1-10; Juan 21:15-17; Mateo 24:14; Efesios 4:11-13; Juan 13:14-16; Hechos 13:7, 17; Lucas 22:24-26; Hechos 13:3, 14:23; 1 Timoteo 5:22; 2 Timoteo 1:6-14; 2 Timoteo 2:1-4, 14-26; 2 Timoteo 3:14, 4:4; Jeremías 23:28

 El Diezmo

     Dios creó la tierra y todos sus recursos de la cual provienen las riquezas físicas. Aunque Dios es dueño de todas los recursos de la tierra y el mar, Él ha dado todas estas cosas a la humanidad para que trabajen con ellas, para usar y disfrutar de sus beneficios. Dios requiere que los hombres lo reconozcan como el Proveedor Todopoderoso y el que sostiene todo. Las Escrituras revelan que Dios instituyó la regla de pagar el diezmo en adición de ofrendas como un modo perpetuo para que la humanidad lo honre. El Antiguo Testamento declara que los diezmos y ofrendas pertenecen a Dios y son “consagrados al Señor.” Jesucristo reafirmó esta verdad cuando dijo, “Dad, pues, a Dios lo que es de Dios.” El relato de la ofrenda de Abel en el libro de Génesis evidencia que esta práctica existía desde el principio de la humanidad y no era limitado al pacto de Dios con Israel en Sinaí. 

     Antes del establecimiento del Antiguo Pacto, los diezmos y ofrendas de Dios eran dados a Melquisedec, el sacerdote del Dios Altísimo. El libro de Génesis registra que Abrahám dio sus diezmos y ofrendas a Melquisedec. Cuando Dios estableció Su pacto con Israel, los diezmos y ofrendas fueron transferidos al sacerdocio Levítico. Dios dijo, “ porque a los Levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel.” 

     Dios dijo por medio del profeta Malaquías que los sacerdotes estaban violando los mandamientos de Dios cuando ofrecían ofrendas contaminadas y estaban robándole a Dios. De la misma manera, aquellos que no dieron los diezmos y ofrendas a los Levitas como Dios mandó estaban robándole a Dios.

     Bajo el Nuevo Pacto, el sacerdocio Levítico ha sido reemplazado por el sacerdocio de Melquisedec, y la autoridad bíblica de recibir los diezmos y ofrendas de Dios ha sido transferida de nuevo a la orden de Melquisedec. Jesucristo tiene la posición eterna de Sumo Sacerdote en la orden de Melquisedec. Los cristianos hoy dan sus diezmos y ofrendas para apoyar la obra de Jesucristo por medio de Su iglesia.

     El hecho de dar dinero (ofrendas) no es requerido para la salvación. Sin embargo, si un cristiano ha sido bendecido financieramente por Dios, debe dar de buena gana según sea dirigido por el Espíritu Santo. Cada Cristiano debe dar de corazón con actitud de amor y servicio, de acuerdo a las bendiciones que Dios le ha otorgado--ambos espiritual y físicamente. 

Génesis 1:26-28; 4: 3-7; Números18:1-29; Deuteronomio 8:1-18; Malaquías 1:6-14; 2:10; 3:7-11; 5:17-20; Salmos 2:12 17; Mateo 22: 21; Mateo 6:19-21; Hebreos 7:1-10

 EL EVANGELIO

     El evangelio (buenas nuevas) es el mensaje maravilloso del plan de Dios de salvación para toda la humanidad por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, Su Hijo unigénito. El Nuevo Testamento llama a este mensaje el evangelio de gracia, o las buenas nuevas de la gracia de Dios. El evangelio de gracia es las buenas noticias de que Jesucristo es el Salvador del mundo y que por medio de Su sangre todos aquellos que se arrepienten y creen en Él pueden tener sus pecados perdonados y pueden entrar en la Familia de Dios. El evangelio también es un mensaje sobre el venidero reino de Dios que viene a la tierra. Es las buenas noticias de que cuando Jesucristo regrese a la tierra, Él establecerá el reino de Dios y Su gobierno. Él gobernará a todas las naciones como Rey de reyes y Señor de señores. Los santos a quienes les es dada vida eterna en la primera resurrección, serán herederos del reino con Jesucristo y gobernarán con Él como reyes y sacerdotes. El evangelio tiene que ser predicado a todas las naciones como testimonio antes que Jesucristo regrese para establecer Su reino. Juan 3:16; Hechos 20:24; 11:19-21; Marcos 1:14-15; Mateo 24:14; Romanos 10: 8-18; Marcos 16:15-16; Mateo 28:19-20; Isaías 9:6-7; Romanos 8:16-17; 1 Corintios 15; I Jn. 2: 1-2 EL REINO DE DIOS

EL REINO DE DIOS 

     El reino de Dios es el gobierno de la Familia Dios. El reino de Dios gobierna el universo entero. Aunque el reino de Dios todavía no está establecido sobre la tierra, todos aquellos que tienen el Espíritu de Dios están bajo el gobierno de Dios el Padre por medio de la Señoría de Jesucristo. El reino de Dios será restaurado sobre la tierra cuando Jesucristo regrese como Rey de los reyes y Señor de señores. Cuando eso ocurra, el Milenio comenzará y los santos inmortales, como los hijos de Dios, gobernarán como reyes y sacerdotes con Jesucristo en el reino de Dios. Después que Dios el Padre traiga la Nueva Jerusalén de los cielos a la nueva tierra, el reino de Dios gobernará el universo desde ahí para toda la eternidad. Isaías 11:1-10; Isaías 66:22-23; Daniel 2:44; Miqueas 4:1-4; Juan 3:3-7; 1 Corintios 15:50-54; Colosenses 1:13; Hebreos 11:13-16; Apocalipsis 2:26; Apocalipsis 3:12,21; Apocalipsis 5:10; Apocalipsis 21

 LAS RESURRECCIONES

     La Biblia revela que hay dos tipos diferentes de resurrecciones de la muerte: 1) restauración a vida física como un ser humano compuesto de carne y hueso, y 2) transformación a vida eterna como un ser de inmortal y hecho de espíritu. 

     El Primogénito de los muertos: Jesucristo fue el primero en ser resucitado a la inmortalidad por el poder de Dios el Padre. Para poder ser un ser humano, Jesús se despojó Él mismo de Su gloria y poder como el Señor Dios del Antiguo Testamento. Cuando Jesús resucitó fue restaurado a Su completa gloria, poder y honor como Dios. Jesucristo es llamado el Primogénito de los muertos porque Él es el primero de millones de seres que serán resucitados a inmortalidad. 
 
     Resurrección a la inmortalidad: Cuando Jesucristo regrese a la tierra, todos los verdaderos Cristianos que han muerto serán resucitados a vida eterna como seres inmortales hechos de espíritu. Los verdaderos cristianos que estén vivos cuando Jesucristo regrese serán cambiados instantáneamente de carne y hueso a espíritu. Esta transformación en espíritu es el nuevo nacimiento, cuando los santos de Dios--ambos muertos y viviendo-- verdaderamente serán “nacidos de nuevo” en la Familia de Dios. Todos los santos serán compuestos de espíritu, como Dios es compuesto de espíritu, y serán miembros de la Familia divina de Dios. Esta resurrección es la primera resurrección.
    

Resurrección a vida física: Después de los 1,000- años del reinado de Jesucristo y Sus santos, habrá una resurrección a vida física para todos aquellos que murieron sin haber recibido la oportunidad de salvación. Durante esta segunda vida física, cada persona tendrá su primera y única oportunidad para salvación por medio de Jesucristo. Aquellos que acepten la salvación por la gracia de Dios entrarán en la Familia de Dios como seres de espíritu. Aquellos que rechazan la salvación por medio de Jesucristo serán condenados a muerte eterna. Ellos estarán juntos con los malvados incorregibles los cuales han muerto durante toda la historia, y que serán resucitados a vida física. Todos aquellos que han rechazado el aceptar la salvación, y con conocimiento y propósito cometieron el pecado imperdonable-- blasfemia contra el Espíritu Santo de Dios el Padre--serán resucitados para que reciban el juicio final de Dios. Su sentencia será morir en el lago de fuego. Esta muerte es la segunda y última muerte, de cual no hay resurrección. 

1 Reyes 17:17-24; Ezequiel 37:1-14; Mateo 25:41-46; Mateo 27:52-53; Marcos 5:35-42; Juan 5:28-29; Juan 11:20-44; Romanos 1:4; Hebreos 2:9-10; 1 Corintios 15:3-4, 20-23, 35-55; 2 Pedro 3:10-12; Apocalipsis 20:4-6, 11-12, 11-15

 JUICIO ETERNO

     Dios ahora está juzgando a cada creyente que ha sido llamado en este tiempo. El juicio de Dios a cada persona empieza cuando Dios le abre la mente para entender el camino de vida de Dios. Con Su amor, gracia y misericordia, Dios da a la persona que se somete a Su Espíritu Santo la fuerza y poder para crecer en amor, fe y gracia y para vencer la naturaleza humana, al mundo y a Satanás el diablo. Dios el Padre hace a cada creyente personalmente responsable de que crezca en el conocimiento de Su Palabra y en la estatura espiritual y abundancia de Su Hijo Jesucristo. Mientras el creyente ame a Dios con todo su corazón y esté viviendo en obediencia a Su Palabra, le es otorgada la justicia de Jesucristo como el regalo de Dios. El cristiano entonces es juzgado –declarado- inocente, justo y sin culpa delante de Dios el Padre. Todos aquellos que permanecen en esta justicia de fe que es recibida gratuitamente estarán en la primera resurrección y recibirán vida eterna al retorno de Jesucristo.
 
     Aquellos individuos que durante los siglos no han recibido la oportunidad para salvación durante sus vidas, serán restaurados hacia vida física en la segunda resurrección, cual tomará lugar después de los 1,000-años del reinado de Jesucristo y Sus santos. Todos los que son levantados en la segunda resurrección tendrán la misma oportunidad para la salvación que aquellos que estuvieron en la primera resurrección. A cada persona se le enseñará el camino de salvación y tendrá la oportunidad de arrepentirse y aceptar el sacrificio de Jesucristo para la remisión de sus pecados. A todos se les dará el mismo período de tiempo para escoger el camino de salvación de Dios. Este tiempo, es llamado el Juicio del Gran Trono Blanco. Durante este tiempo, todos los que aprenden a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, creciendo en gracia y en el conocimiento y carácter de Jesucristo, recibirán vida eterna.

     Cuando termine este tiempo de juicio, todos aquellos que han aceptado salvación habrán ya entrado en el reino de Dios como hijos inmortales de Dios. En aquel tiempo, todos aquellos que rechazaron su oportunidad para salvación serán sentenciados a la segunda muerte--su juicio eterno. Todos los malvados incorregibles de los siglos pasados que cometieron el pecado imperdonable, y a propósito rechazaron la salvación de Dios, serán resucitados a vida física para unirse con los malvados que estarán viviendo para recibir la sentencia de la segunda muerte como su juicio eterno. Dios destruirá a todos los malvados incorregibles en el mismo tiempo en el lago de fuego. Esta es la segunda muerte, de la cual no hay resurrección. 

1 Samuel 16:7; Ezequiel 37:12-14; Miqueas 4:1-4; Hechos 10:42; Romanos 2:16; Romanos 14:10-12; 2 Timoteo 4:8; Hebreos 10:26-27; 1 Pedro 4:17; 2 Pedro 2:9; Apocalipsis 20:5-6; Apocalipsis 20:11-14 EL BAUTISMO DE FUEGO

 EL BAUTISMO DE FUEGO

     El bautismo de fuego es reservado para los malvados incorregibles y no debe ser deseado por los cristianos engendrados de Dios. El bautismo de fuego es la destrucción eterna de los malvados que tendrán una inmersión en el lago de fuego y azufre. Aquellos que son lanzados al lago de fuego no serán atormentados por siempre sino que serán consumidos en el fuego. El juicio final de Dios decretado para aquellos que no se arrepientan es la muerte eterna en el lago de fuego. Todos aquellos que han endurecido sus corazones en sus maldades y sus rebeldías contra Dios y han cometido el pecado imperdonable por resistir a Dios y cometido blasfemia contra el Espíritu Santo, haciendo imposible ser dirigidos al arrepentimiento, esos son los malvados e incorregibles y serán bautizados y destruidos juntos en el lago de fuego. Malaquías 4:1-3; Mateo 3:11-12; Mateo 12:31-32; Apocalipsis 20:14-15; Apocalipsis 21:8

 CARNES LIMPIAS E INMUNDAS

     Dios el Creador ha dado no solamente plantas sino también animales para que sean alimento para la humanidad. Sin embargo, Dios no creó toda carne de animal para que fueran aptos para el consumo humano. Porque Dios desea que la humanidad tenga buena salud, por lo que ha revelado cuáles carnes de animal Él ha creado para consumo humano. Este conocimiento fue dado a conocer desde la creación, como está registrado en el relato bíblico de Noé y el diluvio. En Levítico 11 y Deuteronomio 14, Dios claramente enseña cuáles carnes son aptos para consumo humano y cuales no. La clasificación de carnes limpias o inmundas es fácilmente identificado por las características que Dios ha hecho en los animales. Cualquier mamífero de sangre caliente que tiene las pezuñas hendida y que rumia es apto para comer. Cualquier otro animal de sangre caliente es inmundo. De toda las criaturas que viven en las aguas, solamente los peces que tienen aletas y escamas son aptos para comer, todos los otros son inmundos. Y de las aves, Dios prohíbe el consumo de la carne de cualquier ave que es depredador de basura o materia orgánica que está muerta. Todo tipo de reptil es inmundo, igual que lo son todos los insectos excepto la langosta, el langostín, el argol y el hagab.

     Contrario a la creencia de muchos de los que se proclaman ser Cristianos, el Nuevo Testamento no le pone fin a las leyes de Dios al respecto de las de carnes puras e inmundas. La discusión entre Jesucristo y los Fariseos en Marcos 7 no tiene que ver nada con el consumo de carnes limpias o inmundas, sino que el asunto era ‘por qué los discípulos comían sin lavarse las manos’ contrario a la tradición del judaísmo. También en Hechos 10, la visión que Pedro vio fue dada para revelar que ningún ser humano ha de ser llamado “común o inmundo”, no es una autorización divina de cambiar las leyes de Dios al respecto de carnes limpias e inmundas.

     El apóstol Pablo guardaba las leyes de las carnes limpias e inmundas y las dejó como ejemplo para los cristianos. El describió las carnes que a los cristianos les era permitido comer como los “alimentos que Dios creó para qué con acción de gracias participasen de ellos los creyentes [tener fe en] y los que han conocido la verdad [la Palabra de Dios es Verdad--Juan 17:17]” (1 Timoteo 4: 3). Pablo enseñó que algunas carnes fueron hechas aceptables para comer y otras no. Pablo también dice, “Porque todo lo que Dios creó [el hablaba de las carnes limpias las cuales fueron hechas para comer] es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la Palabra de Dios [como revelado en las Escrituras] y por la oración es santificado [separado] (versículo 4). 

Génesis 7:2; 8:20; Levítico 11:1-31; Deuteronomio 14:3-20; Is. 66:17; Marcos 7:1-16; Hechos 10:1-28; 1 Timoteo 4:3-5

 Otras responsabilidades cristianas

 Responsabilidad por la familia

     Las Escrituras enseñan que los cristianos deben de proveer para sus familias con mucha diligencia. Cualquier Cristiano que puede trabajar pero no hace un esfuerzo para mantener a su familia es peor que un infiel. Jesucristo mismo enseñó que un Cristiano debe de proveer primero para su familia antes de usar los ingresos personales para otros propósitos, incluyendo ofrendas para Dios. Jesús condenó a los judíos que dieron ofrendas, o “Córban” para el templo mientras descuidaban a sus padres. Dios no quiere que los Cristianos descuiden las necesidades básicas de sus familias para poder dar ofrendas. Dios desea misericordia. 1 Timoteo 5:4, 8, 16; Marcos 7:10-13; Proverbios 31:10-28 Proverbios 27:23-27; Proverbios 28:19

 Responsabilidad por los necesitados

     Los cristianos son mandados por Jesucristo a socorrer a los pobres y necesitados entre ellos con compasión y entendimiento. Una actitud Cristiana de amor verdadero y servicio debe de ser la motivación de dar. Dios desea que a cada uno a quien Él le ha dado prosperidad dé con ánimo y de buena gana de corazón como él o ella pueda. Aquellos que tienen en abundancia pero no dan por causa de una actitud egoísta son culpables de codicia y están pecando antes de Dios.  Salmos 41:1-3; Proverbios 28:27; Proverbios 19:17; Mateo 26:11; Hechos 2:44-45; Hechos 4:34-45; 2 Corintios 9:1-9; Gálatas 2:10; Santiago 2:14-17

 Responsabilidad por la Iglesia

     Para cumplir los mandamientos de Jesucristo de predicar el evangelio, alimentar el rebaño y cumplir con las necesidades de la iglesia se requieren recursos. Por eso es, que los cristianos están mandados por el Señor Jesucristo a compartir de sus recursos financieros con aquellos que los sirven en el ministerio de Dios. Pablo escribió, “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también [ Griego houtoos, asimismo, en la misma manera] ordenó el Señor [Griego diatassoo, a ordenar, a dirigir, a mandar] a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. (1 Corintios 9:3-14).

     Aquellos que reciben apoyo de los hermanos tienen que dar cuenta a Dios y a los hermanos de cómo los diezmos y ofrendas son usados. Cualquier ministro que hace mercadería de los hermanos a través de intimidación, compulsión, o con temor para poder sacarles los diezmos y ofrendas recibirá juicio severo de Dios.

     Dios advierte a Sus sirvientes contra la explotación a los pobres de su rebaño y en contra de tomar de las pocas reservas de los necesitados. Sin embargo, Dios honra y bendice a los pobres que dan de lo que puedan, no importa cuan poca sea la cantidad, Jesús personalmente alabó a la viuda pobre necesitada que dió sus únicas dos blancas. Zacarías 7:7-13; Mateo 24:45-51; Mateo 6:19-21; Lucas 10:17; Lucas 16:10-13; Lucas 19:12-17; Lucas 21:1-4; 1 Corintios 9:1-14; 1 Timoteo 5:17-18.

 
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